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12 de junio de 2011

L´ELISIR D´AMORE

Calificar de abucheos a los abucheos del desfile resulta de una injusticia pavorosa, además de demostrar un pésimo oído musical. Quién podría pensar que aquella música celestial pudiera ser considerada como vulgares octavas sangrantes. En realidad, la izquierda española nunca ha sabido de escalas y tonos. Desde luego, el tipo de la cruz gamada, creo que le llaman Goebels, me dijo al entregarme las partituras que empezara mis trinos en cuanto apareciera un tal Zapatero. Y les aseguro que se trataba, nada menos, que del “L´elisir d´amore”, esa obra operística de Gaetano Donizzetti. Ya saben lo mucho que nos gusta a los nazis toda esa metalería de cortinones rojos, sopranos, tenores y algún que otro y delicado castratti. Recuerdo que cuando los comunistas quemaron el Reichstag, nosotros, los jefes del partido, sector gastronómico, asistíamos a la representación de “La Walkyria”, ópera del gran maestro Ricardo Wagner, de tan grata y profunda inspiración para el espíritu germánico. Claro que los tiempos cambian y de vez en cuando nos concedemos la liberalidad de celebrar a los maestros italianos, una cultura al fin y al cabo tan cercana a la nuestra. No en vano, el bueno de Benito estuvo a nuestro lado durante toda la guerra y, a la sazón, también era un grandísimo aficionado a la música, sobre todo a las óperas de Verdi. Al parecer, el "duce" se transfiguraba cuando oía cantar “Va pensiero” al coro de esclavos de Nabucco. Había que sujetarlo para que no volviera, con los ojos cargados de imperio, a invadir la pobre Etiopía, según contaba la otra tarde mi buen amigo Gabrielle D´Anunccio en una de nuestras tertulias de café, aquí en Messolonghi.
Sin embargo, mi ánimo desciende hasta su más extrema bajamar cuando me dicen que fueron abucheos los abucheos del desfile. Mentira y gorda. A decir verdad, primero cantamos “Una furtiva lágrima”, seguido de “Caro elisir… Trallarallara… Esulti pur la barbara” y luego terminamos con el “Nessun dorma” de Puccini. Me gustaría que vieran ustedes llorar a toda una falange de “skinhead” a los sones sublimes de esta maravillosa música. Y es que nosotros, los de extrema derecha, somos así de sensibles. Y también sabemos que nuestras ideas políticas se han quedado anticuadas, aunque al menos confieren color y diversidad al paisaje de lo políticamente correcto. Por ejemplo, mi partido trata de imponer una división de poderes real y efectiva, aunque sabemos que es una utopía y las utopías sólo están para soñarse, como si fueran una lejana y luminosa Thule. También deseamos elegir en las urnas, además del legislativo, al poder ejecutivo, como hacen los franceses y americanos. Y, naturalmente, nuestro principal anhelo, algo vulgar y descabellado, es considerar a la lengua española, me refiero a la de Cervantes y Vargas Llosa, como idioma que cada español pueda libremente hablar, escribir, aprender y enseñar en todos y cada uno de los rincones de España. Lo siento, pero es que nosotros, los de extrema derecha, somos así de cabrones y de fachas. Eso sí, adoramos los desfiles y la música de las esferas. Ya verán al año que viene la ópera que le tenemos preparada. ¡A no ser que dimita!



Antonio Civantos

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