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10 de febrero de 2013

EL CUERPO QUE SE TE QUEDA




Se pregunta un amigo mío por el cuerpo que se nos ha quedado a los votantes del Partido Popular. En la pregunta, claro, va implícita la cualidad guerracivilista de los españoles. Quiero decir que si a nosotros, los de derecha de toda la vida, no nos llega la ropa al cuerpo por el asunto incalificable de Bárcenas, la izquierda bondadosa parece tan contenta como un torero después de salir por la puerta grande. Me gustaría ver de cerca la sonrisa millonaria del académico Cebrián mientras se abanica con la presunta contabilidad de Bárcenas. Ya sabemos que la izquierda ha sido siempre terriblemente justiciera con los pecados ajenos y alegremente compasiva con los propios. Ahí tienen ustedes la firma del socialista Griñán estampada en los documentos de los ERES fraudulentos, y no veo yo ninguna manifestación violenta ni barriobajera en los aledaños de la calle Ferraz. Y eso que el desfalco andaluz llega casi a los mil millones de dinero público, algo así como cincuenta veces más que el de Bárcenas, presuntamente producto de chantajes y mordidas a empresas privadas. Sin embargo, la corrupción generalizada que vivimos en España, el país europeo con mayor número de sinvergüenzas por metro cuadrado, sólo sirve como arma arrojadiza entre votantes de uno y otro signo.
         De modo que el cuerpo, amigo mío, se me ha quedado como entumecido por la vergüenza, aunque ya llevo anticuerpos bien ganados de otras heridas anteriores, no en vano los socialistas empezaron a robar en los primeros años de la década de los ochenta, cuando la mayor parte de la sociedad española, un servidor incluido, confió en ellos para que pusieran en marcha una regeneración democrática sin precedentes en la historia de España. Acuérdense de que las luchas cainitas en el seno de UCD y los crueles asesinatos de la Eta habían precipitado al país en la noche negra del 23F.
Tras el tejerazo, los españoles confiamos masivamente en el PSOE. Y la verdad es que nos llevamos una inmensa alegría con aquella esplendorosa mayoría absoluta del año ochenta y dos. Pero lo primero que se le ocurrió a don Felipe el Hermoso fue vulnerar la ley con la expropiación de Rumasa, repartiendo más tarde el botín entre los amigos íntimos del partido. Enseguida mandó el Séptimo de Caballería contra la prensa que le era hostil, favoreciendo, política y económicamente, a los Polancos, los Cebrianes y demás guardia “prisaica” del socialismo español. Después legisló arteramente para que el poder judicial fuera elegido por el poder político, llevándose por delante la esencia de la democracia, es decir, la división de poderes. Quiero decir que la Justicia dejó de ser independiente, y ese es el origen de la corrupción en España. Desde ese preciso momento, los partidos políticos han tenido las manos libres para entrar a saco tanto en las arcas públicas como en las privadas. Y los jueces, salvo honrosas excepciones, han sido sus principales cómplices. Solamente gracias a la prensa independiente, capitaneada por El Mundo, la ciudadanía española ha podido enterarse del enorme y suculento pastel que se ha cocido y sigue cociéndose dentro de las sedes de los partidos políticos.
         Cuando hablamos de regeneración democrática parece que se trata de una tarea ingente, pero no es cierto. Simplemente con devolver a la Justicia su independencia salvaríamos nuestra dignidad como ciudadanos libres. Pero no lo harán. La financiación ilegal de los partidos es una maquinaria magníficamente engrasada por la costumbre y ningún político, por muy honrado que sea, podrá paralizarla jamás. Mientras tanto, mi querido amigo, tú y yo nos seguiremos enzarzando en peleas inútiles para defender el buen nombre de los nuestros, olvidándonos de que los dos militamos en el mismo bando. Es decir, en el pelotón de los tontos. A ver si nos enteramos.

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