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23 de marzo de 2012

LAS BICICLETAS, ARMAS LETALES
DIARIO
22 de Marzo del 2012

Me he pasado al francés. O sea, del maravilloso libro cubano de Cabrera Infante a una novela, “Plataforma”, de Michel Houellebeq, del que hasta ahora sólo he leído “Lanzarote”, una historia canaria y frívola de turistas hambrientos de sexo. Ayer empecé a leerla y creo que todavía es pronto para el comentario final. Sólo adelantaré que no me disgusta su estilo. En fin, ya sé que debí leerla hace lo menos una década, pero entonces todo el mundo se puso con ella y a mí las aglomeraciones me ahuyentan. Como regla general, no consumo nada, pero nada de nada, que tenga algún éxito social, por pequeño que sea. Sin embargo, ahora todo es muy distinto. Ya nadie se acuerda de Houellebeq. Quiero decir que este señor ya no es la revelación divina de entonces, sino que ha devenido en mortal, aunque sigue tan obsceno, por ejemplo, como el guarro de Bukowski. Pero insisto en que me gusta su estilo desenfadado; un estilo más complicado de lo que todo el mundo piensa. ¡Qué difícil es escribir para que parezca que está mal escrito!, creo recordar que algo parecido dijo una vez Ramón.
¿Qué quién es Ramón? ¡Ramón es Ramón!



Por cierto, se me olvidaba contarles que vengo de dar una vuelta en plan aeróbico y juvenil por el Paseo Marítimo. Lo que tienen las novelas eróticas es que a uno lo excitan por encima de sus posibilidades. No obstante, cualquier pensamiento, casto o impuro, que manifieste su presencia mientras uno camina relajadamente por las aceras de la vida será abortado de raíz por las sucesivas apariciones de ciclistas enloquecidos, que como meteoritos ahora caen sobre las vías y zonas peatonales de cualquier ciudad del mundo. Claro que como las bicicletas son máquinas ecológicas, por muy a toda leche que vayan, están excluidas de ser consideradas como vehículos afectos al Código de la Circulación.
Desgraciadamente, la bicicleta se ha convertido en el artefacto más peligroso de la creación. Al fin y al cabo, ahora mismo tenemos más probabilidades de que nos arrolle un ciclista en una acera urbana que a que nos caiga encima una bomba nuclear. Además, son tales sustos los que dan las bicicletas cuando te vienen por detrás que a más de un cardiaco le van a dejar el corazón tan mordisqueado como la manzana de Eva. Y, para colmo de males, todo ocurre con la connivencia de la Policía Municipal. ¿Pero es que no hay un agente que se decida a hacer cumplir las putas normas de tráfico?
¡Qué país, Miquelarena, qué país!

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