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4 de noviembre de 2012

CARTAS A DORA MALENGO 3


CARTAS A DORA MALENGO
1 DE NOVIEMBRE DEL 2012

QUERIDA DORA: nadie sabrá jamás el calvario que he pasado este año con la editorial que suele publicar mis novelas. Te vas a quedar de piedra, pero, increíblemente, “El asesino de Venecia” aún no está en manos del distribuidor. ¡Y eso que salió de la imprenta a primeros de junio! No quiero entrar aquí en valoraciones personales, pero te juro, Dora, que nunca más volveré a meterme en tratos con estos señores. Y es que lo único que no me puedo permitir, a estas alturas de mi vida, es el lujo de perder el tiempo.
Sin embargo, no sólo estoy abatido por estos asuntos, sino también porque no se nada de ti desde hace semanas. Confieso que me he vuelto un adicto a las revistas del corazón, por ver mayormente si vienes en alguna fotografía, pero es como si alguien te hubiera secuestrado, tal vez alguno de los muchos maridos que has arrojado de tu vida, celoso hasta del aire que respiras y el agua que bebes. Te aseguro que yo también lo estoy. ¡Celosísimo! Sin embargo, aquí me tienes, tranquilo y callado, a la espera de algún gesto tuyo, por leve que sea.
Pero también hay alegrías en mi vida. Sin ir más lejos te diré que estoy en tratos con una editorial de Barcelona para publicar mi Hemingway. Espero que todo salga bien y el libro sea un éxito y mi autoestima se recupere y pueda zambullirme de pleno, exuberante de confianza, en la “autobiografía” que te mencioné en una de mis cartas anteriores. Claro que antes he de corregir otra novela de Ciro Blume que terminé este verano: “Misterio en el museo”. Trabajo, como ves, no me falta, pero la publicación de cada libro me supone un auténtico Calvario.
Esta tarde he ido al cine y estoy terriblemente arrepentido. ¡Qué decepción! Estuve por abandonar la sala a los quince minutos de haber empezado la película: ¡Cosmópolis! Tan mala como la novela de De Lillo en que está basada. No soporto esa escritura fría y aséptica que tratan de poner de moda algunos escritores, pretendiendo despojar de alma a la Literatura. A mí ese pájaro de la limusina blanca que necesita cortarse el pelo en una peluquería situada al otro extremo de la ciudad me deja totalmente al pairo. La idea no sería descabellada si los personajes presentados en el trayecto fueran de verdad. Pues te juro que si existiera una docena de ellos, trataría de parar el mundo y bajarme en la próxima. Pero lo peor son las teorizaciones sobre el capitalismo. No las soporto. La moda es argumentar en contra del sistema, pero nadie bosqueja al menos la estructura de un nuevo orden. Desde mi punto de vista, lamentarse de las injusticias del capitalismo es como lamentarse de las inclemencias del clima.
Como decía Umbral, si a alguien le interesa leer novelas que se deje de idioteces y se ciña a la obra de Proust. Para él, la única novela que merece la pena de leerse es “En busca del tiempo perdido”. Quiero decir que después de leer a Faulkner, Virginia Woolf y García Márquez, lo mejor es darle vueltas y más vueltas a la Recherche. Acabo de terminar “La parte de Guermantes” y mañana pienso empezar “Sodoma y Gomorra”. Será como llevar a hombros, hasta el final de mis días, la piedra de Sísifo. Pero lo haré con sumo placer. Mi querida Dora, no dejes de avisarme cuando estés de vuelta en la Tierra. Siempre tuyo. Antonio

SANDY SHOW


El huracán Sandy no ha sido nada comparado al show electoral que se avecina en Cataluña. No sería mala idea que el orondo gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, se diera una vuelta por las Ramblas con el fin de dirigir, una vez producido, las labores de desescombro. Sin embargo, puede que me equivoque en mis previsiones y el viento cambie de rumbo antes de llegar y vuelva a reinar en España la gloriosa placidez de los días antiguos. Me refiero a que el soplo espectral del señor Artur Mas, tan poderoso por su alto grado de resolución mandibularia, es muy probable que se desinfle por las advertencias de última hora. Las declaraciones de la vicepresidenta de la Comisión Europea, doña Viviane Reding, han dejado muy claro los requisitos para permanecer dentro del club de campo europeo. Para mí que las próximas elecciones catalanas puede que se conviertan en el huracán Sandy Show, pero en contra de los intereses de Convergencia y todos aquellos que piensen que el centro del Paraíso Terrenal se encuentra en Barcelona, justo en la confluencia de las calles Aribau y Mallorca.
         A lo catalanes puede que se les convenza fácilmente de que en una Cataluña independiente se convertirían en los ciudadanos más altos, más guapos, sanos, delgados y ricos del mundo, pero si en tal caso tuvieran que ahuecar de la Unión Europea, ¡que ahuecarían!, semejante truco electoral no creo yo que vaya a funcionar tan ricamente como piensan algunos. Al menos, yo siempre he estado convencido de que los catalanes son gente inteligente y de un refinamiento intelectual elevado. No en vano, a lo largo de mi vida como lector, la literatura catalana ha ocupado un puesto principalísimo en mis preferencias. Les puedo asegurar que, entre otras, he venerado hasta la exageración la obra de Josep Pla, sobre todo su “Cuaderno gris”, que con el de Kafka, me ha parecido de una delicadeza y maestría insuperable. También de Juan Marsé pienso sinceramente que es uno de los grandes novelistas en lengua española, a la altura de Cortázar, Vargas Llosa y García Márquez. Además, confieso con humildad, no exenta de veneración y agradecimiento, que mantengo con la memoria de Manuel Vázquez Montalbán una deuda impagable, pues gracias a su magisterio he aprendido, en mi modestia, a escribir novelas policiacas. Naturalmente, no puedo olvidarme de Eugenio Trías, quien con sus libros “Los límites del mundo”, “La razón fronteriza y “La edad del espíritu”, ha conseguido rellenar un vacío profundísimo en mi comprensión filosófica de mundo.
         Tengo pues plena confianza en que los catalanes recapaciten, y por ende se muestren escépticos a la hora de creerse las mistificaciones de sus políticos, que no tienen otro interés que el poder absoluto, aunque sea a costa del aislamiento y el empobrecimiento de su pueblo. Pienso que si los catalanes son capaces de cocinar un plato como el “bacalao a la llauna”, pongo por caso, no pueden dejarse engañar por un atajo de orates ignorantes e hinchados de soberbia, vanidad y codicia. Yo, por mi parte, sigo pensando que, en Barcelona, entre las calles Aribau y Mallorca, no está el centro del Paraíso Terrenal, pero sí está el pub Ideal, regentado por mi buen amigo José María Gotarda, el mejor barman de España, cuyos cócteles, sobre todo los negronis, están a la altura de la ambrosía de los dioses. O sea que el nuevo huracán, “Sandy Show”, amenaza con llevarse por delante la locura de Artur Mas y de todos esos políticos analfabetos y agitadores de masas. Y aquí no tenemos al gobernador de Nueva Jersey, con su enorme mole catedralicea, para dirigir el desescombro y limpieza de las zahúrdas nacionalistas. Cuando llegue ese momento, brindaremos con negronis en el Ideal, entre un floreo de carcajadas de mansa prudencia. ¡Qué país, Miquelarena, qué país!


27 de octubre de 2012

ROMEVA, BADÍA Y TREMOSA




Cataluña nos cocina a fuego lento como si fuéramos el pavo de Navidad. En realidad, los españoles llevamos en el horno desde el mismo instante en que se aprobó la Constitución del 78. Y ahora, parece ser, que ha llegado el momento de ponernos sobre la mesa y servirnos bien doraditos y crujientes entre una guarnición de rovellons y otra de coles de Bruselas. Precisamente, ha sido en Bruselas donde Romeva, Badía y Tremosa, ese trío Lalalá del Cornellá del Vallés, se han descolgado hasta la deshidratación neuronal al describir cómo cuatro cazas de la aviación borbónica han surcado el cielo de Cataluña entre resoplidos de amenazas y avisos a navegantes. Sin embargo, nos extraña grandemente que Rajoy haya sugerido semejante plan de vuelo. Si hubiera sido aquel otro gallego de antaño, no les discutiría que la cosa no fuera bien encaminada, pero de la praxis política del señor registrador de la propiedad mucho me temo que tal medida esté alejada a más de un palmo de distancia. Para mí que Romeva, Badía y Tremosa deberían inventar algo más sutil con el fin de calentar más a conciencia el ambiente europeo. Para llevar a cabo una secesión ilegal se precisa algo más de imaginación y cultura. Sin ir más lejos, debería presentarse en Bruselas el propio rey Arturo para denunciar, un suponer, que la elaboración del cava extremeño es una afrenta de una violencia inusitada a la historia vitivinícola de la tierra catalana. También podría denunciar, digo yo, que la cabra de la Legión sea natural de Girona y que fue secuestrada por un nieto de Millán Astray durante una incursión bélica sobre algún aprisco del Ampurdán.
El rey Arturo I de Calalonia habría de escoger con mejor tino el contenido de sus denuncias, pues no creo yo que Europa nos vuelva a mandar a los cien mil hijos de san Luis con ese cuento chino de los cuatro cazas mariposeando sobre los campanarios de Berguedá y Ripollés. Para mí que Romeva, Badía y Tremosa deberían leer al menos las obras completas de Josep Pla y de Eugeni d´Ors y estudiar el arte y la vida de Salvador Dalí para que sus denuncias sobre el imperialismo español se vieran avaladas por tres catalanes universales. También podrían darse una vuelta, me refiero a Romeva, Badía y Tremosa, por la historia épica del general Batet, don Domingo Batet Mestre, nacido en Tarragona y nombrado, por la República, capitán general de Cataluña y general en jefe de la IV División Orgánica. Pues bien, el general Batet fue sin duda el gran héroe de la intentona separatista perpetrada por la Generalitat en 1934, sobre todo al elevar nada menos que al gran Lluís Companys a la categoría estelar de preso ilustrísimo. Y les aseguro que Batet de fascista no tenía absolutamente nada, sino que se limitó a que las leyes se cumplieran según el ordenamiento constitucional de la época. Curiosamente, el general Batet fue posteriormente fusilado por Franco, quien consumó así una particular venganza de muy mal gusto contra Queipo de Llano.
De manera que a Romeva, Badía y Tremosa no les debería extrañar que uno de esos cuatro cazas que gambetearon sobre los grajos de esos campanarios estuviera pilotado por el espectro del tarraconense Batet, en un recuerdo más o menos didáctico de la necesidad imperiosa de cumplir las leyes vigentes. Pero como les digo, mucho me temo que a Rajoy, un ángel blandileble de la política, esa cosa de los tambores, el olor a pólvora más o menos mojada y el retumbo de botas militares sobre el pavimento no le llame la atención en exceso. Todo lo contrario que a Romeva, Badía y Tremosa, a quienes les gustaría disfrutar de una jornada bélica en Cataluña, aunque sólo fuera para chivarse en Bruselas. Después de cobrar, claro.