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7 de noviembre de 2012

EL INTERNADO



CARTAS A DORA MALENGO
MADRID, 6 DE NOVIEMBRE DEL 2012

QUERIDA DORA: Ayer estuve de visita en el colegio donde estudié el bachillerato. Pero ahora ya no se trata de un internado, sino de un colegio abierto para chicos y chicas. Yo ingresé en el año cincuenta y nueve y salí en el sesenta y cinco. Entonces era como una cárcel con aulas, dormitorios corridos y un campo de fútbol. También había una iglesia, pero ahora esa iglesia ya no está porque han levantado otra más moderna y como de otro estilo. Aquella estaba dedicada a María Auxiliadora y la nueva a San Juan Bosco, que es el fundador de los salesianos. Todo sigue como siempre, si bien los dormitorios antiguos, que estaban en el segundo piso, han sido convertidos en aulas. Lo que no comprobé es si el comedor desprendía aquel olor tan característico de entonces, y eso que pasé al lado, pero no se me ocurrió entrar y comprobarlo. Tampoco bajé al teatro, un teatro que inauguramos nosotros en 1961. La primera película que se proyectó fue “El capitán King”, protagonizada por Tyrone Power y Terry Moore. Aunque debido a la tijera del maquinista no creo yo que viéramos mucho a la explosiva señorita Moore, pues así se las gastaban los curas en materia de censura. Una vez pusieron una de Sofía Loren y sólo conseguimos verla de lejos, en algún plano general, reduciendo la película a la mitad de su tiempo normal.
Curiosamente, yo, que siempre he sido un manazas, fui tramoyista de ese teatro durante tres cursos seguidos, los últimos de mi estancia.
Pero lo que más me entristeció de la visita de ayer fue enterarme de la muerte, a los ciento dos años de edad, de don Inocencio Rodríguez, que fue mi profesor de ciencias naturales. Te aseguro Dora que era verdaderamente un genio. Él fue quien me enseñó, a mí y a toda la clase, claro, los entresijos del ADN, descubrimiento que acababa de ser publicado, a bombo y platillo, en las revistas científicas de la época. Yo creo que ha sido  el mejor profesor que he tenido en mi vida y el culpable de mi equivocación al elegir la carrera de medicina. Sin embargo, no hay que arrepentirse de nada, ya que son sin duda los errores las mejores enseñanzas de la vida. Tuyo para siempre. Antonio. P.D. En la fotografía estoy en el patio del colegio, apoyado sobre la verja del jardín, lugar donde recibíamos a las visitas cuando hacía buen tiempo. Otro beso. 

4 de noviembre de 2012

CARTAS A DORA MALENGO 3


CARTAS A DORA MALENGO
1 DE NOVIEMBRE DEL 2012

QUERIDA DORA: nadie sabrá jamás el calvario que he pasado este año con la editorial que suele publicar mis novelas. Te vas a quedar de piedra, pero, increíblemente, “El asesino de Venecia” aún no está en manos del distribuidor. ¡Y eso que salió de la imprenta a primeros de junio! No quiero entrar aquí en valoraciones personales, pero te juro, Dora, que nunca más volveré a meterme en tratos con estos señores. Y es que lo único que no me puedo permitir, a estas alturas de mi vida, es el lujo de perder el tiempo.
Sin embargo, no sólo estoy abatido por estos asuntos, sino también porque no se nada de ti desde hace semanas. Confieso que me he vuelto un adicto a las revistas del corazón, por ver mayormente si vienes en alguna fotografía, pero es como si alguien te hubiera secuestrado, tal vez alguno de los muchos maridos que has arrojado de tu vida, celoso hasta del aire que respiras y el agua que bebes. Te aseguro que yo también lo estoy. ¡Celosísimo! Sin embargo, aquí me tienes, tranquilo y callado, a la espera de algún gesto tuyo, por leve que sea.
Pero también hay alegrías en mi vida. Sin ir más lejos te diré que estoy en tratos con una editorial de Barcelona para publicar mi Hemingway. Espero que todo salga bien y el libro sea un éxito y mi autoestima se recupere y pueda zambullirme de pleno, exuberante de confianza, en la “autobiografía” que te mencioné en una de mis cartas anteriores. Claro que antes he de corregir otra novela de Ciro Blume que terminé este verano: “Misterio en el museo”. Trabajo, como ves, no me falta, pero la publicación de cada libro me supone un auténtico Calvario.
Esta tarde he ido al cine y estoy terriblemente arrepentido. ¡Qué decepción! Estuve por abandonar la sala a los quince minutos de haber empezado la película: ¡Cosmópolis! Tan mala como la novela de De Lillo en que está basada. No soporto esa escritura fría y aséptica que tratan de poner de moda algunos escritores, pretendiendo despojar de alma a la Literatura. A mí ese pájaro de la limusina blanca que necesita cortarse el pelo en una peluquería situada al otro extremo de la ciudad me deja totalmente al pairo. La idea no sería descabellada si los personajes presentados en el trayecto fueran de verdad. Pues te juro que si existiera una docena de ellos, trataría de parar el mundo y bajarme en la próxima. Pero lo peor son las teorizaciones sobre el capitalismo. No las soporto. La moda es argumentar en contra del sistema, pero nadie bosqueja al menos la estructura de un nuevo orden. Desde mi punto de vista, lamentarse de las injusticias del capitalismo es como lamentarse de las inclemencias del clima.
Como decía Umbral, si a alguien le interesa leer novelas que se deje de idioteces y se ciña a la obra de Proust. Para él, la única novela que merece la pena de leerse es “En busca del tiempo perdido”. Quiero decir que después de leer a Faulkner, Virginia Woolf y García Márquez, lo mejor es darle vueltas y más vueltas a la Recherche. Acabo de terminar “La parte de Guermantes” y mañana pienso empezar “Sodoma y Gomorra”. Será como llevar a hombros, hasta el final de mis días, la piedra de Sísifo. Pero lo haré con sumo placer. Mi querida Dora, no dejes de avisarme cuando estés de vuelta en la Tierra. Siempre tuyo. Antonio

SANDY SHOW


El huracán Sandy no ha sido nada comparado al show electoral que se avecina en Cataluña. No sería mala idea que el orondo gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, se diera una vuelta por las Ramblas con el fin de dirigir, una vez producido, las labores de desescombro. Sin embargo, puede que me equivoque en mis previsiones y el viento cambie de rumbo antes de llegar y vuelva a reinar en España la gloriosa placidez de los días antiguos. Me refiero a que el soplo espectral del señor Artur Mas, tan poderoso por su alto grado de resolución mandibularia, es muy probable que se desinfle por las advertencias de última hora. Las declaraciones de la vicepresidenta de la Comisión Europea, doña Viviane Reding, han dejado muy claro los requisitos para permanecer dentro del club de campo europeo. Para mí que las próximas elecciones catalanas puede que se conviertan en el huracán Sandy Show, pero en contra de los intereses de Convergencia y todos aquellos que piensen que el centro del Paraíso Terrenal se encuentra en Barcelona, justo en la confluencia de las calles Aribau y Mallorca.
         A lo catalanes puede que se les convenza fácilmente de que en una Cataluña independiente se convertirían en los ciudadanos más altos, más guapos, sanos, delgados y ricos del mundo, pero si en tal caso tuvieran que ahuecar de la Unión Europea, ¡que ahuecarían!, semejante truco electoral no creo yo que vaya a funcionar tan ricamente como piensan algunos. Al menos, yo siempre he estado convencido de que los catalanes son gente inteligente y de un refinamiento intelectual elevado. No en vano, a lo largo de mi vida como lector, la literatura catalana ha ocupado un puesto principalísimo en mis preferencias. Les puedo asegurar que, entre otras, he venerado hasta la exageración la obra de Josep Pla, sobre todo su “Cuaderno gris”, que con el de Kafka, me ha parecido de una delicadeza y maestría insuperable. También de Juan Marsé pienso sinceramente que es uno de los grandes novelistas en lengua española, a la altura de Cortázar, Vargas Llosa y García Márquez. Además, confieso con humildad, no exenta de veneración y agradecimiento, que mantengo con la memoria de Manuel Vázquez Montalbán una deuda impagable, pues gracias a su magisterio he aprendido, en mi modestia, a escribir novelas policiacas. Naturalmente, no puedo olvidarme de Eugenio Trías, quien con sus libros “Los límites del mundo”, “La razón fronteriza y “La edad del espíritu”, ha conseguido rellenar un vacío profundísimo en mi comprensión filosófica de mundo.
         Tengo pues plena confianza en que los catalanes recapaciten, y por ende se muestren escépticos a la hora de creerse las mistificaciones de sus políticos, que no tienen otro interés que el poder absoluto, aunque sea a costa del aislamiento y el empobrecimiento de su pueblo. Pienso que si los catalanes son capaces de cocinar un plato como el “bacalao a la llauna”, pongo por caso, no pueden dejarse engañar por un atajo de orates ignorantes e hinchados de soberbia, vanidad y codicia. Yo, por mi parte, sigo pensando que, en Barcelona, entre las calles Aribau y Mallorca, no está el centro del Paraíso Terrenal, pero sí está el pub Ideal, regentado por mi buen amigo José María Gotarda, el mejor barman de España, cuyos cócteles, sobre todo los negronis, están a la altura de la ambrosía de los dioses. O sea que el nuevo huracán, “Sandy Show”, amenaza con llevarse por delante la locura de Artur Mas y de todos esos políticos analfabetos y agitadores de masas. Y aquí no tenemos al gobernador de Nueva Jersey, con su enorme mole catedralicea, para dirigir el desescombro y limpieza de las zahúrdas nacionalistas. Cuando llegue ese momento, brindaremos con negronis en el Ideal, entre un floreo de carcajadas de mansa prudencia. ¡Qué país, Miquelarena, qué país!