Vistas de página en total

29 de septiembre de 2012

EL PURO DE RAJOY




A medida que pasa el tiempo, el corazón de España se llena de una espuma ácida que le estorba para respirar. Claro que también puede ser por el humo del puro que Rajoy se ha fumado en Nueva York, como si la pesadilla hubiera terminado. Churchill también fumaba puros, pero a cada cual le sentaba de manera diferente. El inglés, en todo caso, era un hombre de Estado, y el gallego sólo es un funcionario de color gris y de espíritu blandileble. Nada nuevo, por cierto, pues hasta los suyos abandonan el barco, como la brava Esperanza, último bastión de un Partido Popular que ha devenido en claudicante, consentidor y pietista. No en vano, los catalanes se hacen ahora cuentas de sus putas tristes para exigir a Rajoy que pague las noches locas, el descorche cabaretero y hasta los parterres floridos del barrio chino. Y llega Rajoy como si fuera el rey Midas y, de donde no hay, le afloja al catalán una pastizara, que entre todos tendremos que pagar a un interés de usurero chino. Pero encima llega el mandibulario Artur Mas, supermán de las Ramblas, y anuncia que Cataluña se las pira vía referéndum ilegal y que a los españoles nos vayan aplicando al ritmo de un vals lánguido y como en tono de sardana.
         El resultado, claro está, es el desplome de la Bolsa, la subida de la prima de riesgo y la huida de las cocottes hacia parajes más cálidos y suculentos. España, otrora refugio de vírgenes y tafetanes, se ha quedado para vestir los santos de la miseria. Porque lo que no se entiende es que nos vayamos de putas a Barcelona y, después de pagarles una fortuna, más de cinco mil millones de euros, haya que coger el “scotch-brite” y abrillantarles el bidet. Antiguamente, en tiempos de Franco, uno iba al Molino Rojo, rezaba un par de quiries con una de las señoritas de Avignon, a tanto el sobresalto, y se volvía para la capital con los números en regla y como a la par. Otra cosa, nano. Pero es que ahora, después de limpiarte el cofre y dejarte literalmente “in fecundo”, como dice el rey, van las titis y se ponen en referéndum para dirimir si es un moro de Tánger el que te descose la próstata o uno de esos charnegos del Senegal en plan Príapo de la selva africana.
         Claro que, a lo mejor, la balanza de pagos se equilibraría si nos negáramos a comprar productos catalanes. Es una idea ya muy extendida entre la clientela española. Al fin y al cabo, su mercancía se distingue del resto porque su código de barras comienza por los números uno y cinco. Sería muy sencillo arruinarlos. De momento, para la Navidad, he descubierto un champán francés, “André Clouet”, a muy buen precio y francamente delicioso. No en vano, los catalanes aún no han conseguido dar con la tecla de los vinos espumosos. Sin embargo, a un servidor, se lo digo en serio, le importaría un carajo que los catalanes tomaran las de Villadiego. La verdad es que se merecen experimentar la independencia en todo su esplendor. Hasta la fecha, la hemos sufrido los españoles en forma, mayormente, de un insoportable dolor de cabeza. Pero no me refiero a un federalismo, simétrico o asimétrico, ni a un Estado catalán asociado y otras mandangas, no, me refiero a una independencia pura y dura: aduanas en la frontera, el veto europeo, aranceles imposibles y el Barsa jugando con el Palamós. ¿Se imaginan a un Messi gordo y reumático por falta de ejercicio? ¿Se imaginan el éxodo de empresas hacia el Reino de Aragón? ¿Se imaginan a Artur Mas dirigiendo el tráfico en una Diagonal con aromas de gasógeno? Me fumo otro puro como el de Rajoy.

22 de septiembre de 2012

EL DANDISMO



CARTAS A DORA MALENGO
21 DE SEPTIEMBRE

QUERIDA DORA: Qué alegría saber que estás ahí, que no te has ido, aunque tu presencia esté rodeada de un infinito casi insalvable. Cómo me agradaría si te aparecieras en mis sueños y me dejaras así tu mensaje de diosa, moriría de placer si de noche te llegaras a mí como una madonna envuelta en los siete velos de Isis. Pero lo más triste es que esta mañana, más allá del mediodía, he creído verte en la playa, a lo lejos, cuando la mar grisácea rugía y el viento soplaba hasta ensordecerme el alma. Sin embargo, te presentí sobre el horizonte, dándome con la mano, tratando de decir algo que yo necesitaba oír. Sin embargo, sabes muy bien que las diosas como tú sólo se hacen visibles a la hora de las sombras, en las tempestades del sueño, cuando la magia sacude la realidad como si fuera una manta empolvada. Me refiero que es a la hora de lo inconcebible cuando tus mensajes serán escuchados, leídos, analizados, discutidos, como en una tertulia conmigo mismo, sobre el peluche rojo de un café parisino.
Precisamente, hablando de tertulias, te diré que han venido a verme mis amigos de Messolonghi, a quienes recogí ayer por la mañana en el aeropuerto de Málaga. Juntos fuimos a ver la exposición de carteles abierta en el museo Picasso. Nada más entrar, mis amigos corrieron a ver los carteles del pequeño Toulouse, como ellos decían, y en especial aquellos en los que aparece Jane Avril, ya sabes, la famosa bailarina del Mouline Rouge. Todos decían haberla conocido, incluso Gabriele insistió en el hecho de haber tratado al padre, el marqués italiano Luigi de Font, y a su madre, La Belle Elise, una cantante y bailarina que murió alcoholizada y completamente loca de atar. También Jean, me refiero a Jean Cocteau, nos dijo haber conocido a uno de sus amantes, el escritor René Boylesve, un escritor que al principio de su carrera fue comparado nada menos que con Proust, aunque no tardó demasiado tiempo en contagiarse con la banalidad de los ambientes que solía frecuentar. En cambio, ninguno de nosotros sabía quién demonios era ese tal Maurice Blais, el pintor alemán con quien Jane se casó a los cuarenta y dos años. Ni siquiera Amadeo o Duchamp, que fueron del ambiente, se acordaban de haber visto algún cuadro suyo.
Por la tarde, después de comer, formamos tertulia y estuvimos hablando casi hasta las nueve de la noche. Nunca habíamos tocado el tema del “dandismo”, seguramente porque lo daban todos ellos como tan suyo que jamás se les ocurrió abordarlo. Si embargo, he de reconocer mi propio mérito al provocarles y soltarles la lengua al respecto, pues ya tenía uno ganas de que se manejaran con un asunto que tan íntimamente les concernía. ¿Te imaginas, mi querida Dora, a unos dandis discutir sobre dandismo? Claro que estando presente Baudelaire, el más teórico de todos ellos, al principio nadie se atrevió a contradecirlo. Solamente, cuando el aguardiente de orujo comenzó a tomar cuerpo en la sangre de la mayoría de los contertulios, las discrepancias se decidieron a saltar sobre los mármoles lapidarios del café. 
Curiosamente, la primera discusión seria que se produjo fue acerca de si Oscar Wilde, quien estaba presente, era o no un verdadero dandi. Desde luego, el divino Oscar tuvo mucho que decir al respecto; tenías que haber visto con la elegancia que gesticulaba, además de la inteligencia y humildad de sus palabras, sobre todo cuando advirtió que la perfección no era concebible ni siquiera en el dandi. Quería decir, claro está, que si su pecado, señalado por Baudelaire, fue la incontrolable pasión que en vida sintió por Alfred Douglas, el resto de su comportamiento fue toda una lección de puro dandismo. Baudelaire tuvo que callarse, claro está, cuando Wilde le reprochó a su vez el odio incontenible que aquel sintió hacia su padrastro, el coronel Aupick, por el simple hecho de haberse casado con su madre. “Mi querido Charles, le dijo Wilde, tanto incontrolable como incontenible son palabras que no caben en el diccionario de un dandi. Sin embargo, como hemos desechado la incomodidad de la perfección, no veo inconveniente en que ambos seamos absueltos de nuestros respectivas faltas.” De repente, Ramón se quedó como paralizado observando el monóculo de Gabriele. Suelta la greguería, Ramón, le pidieron. Entonces, Ramón, apenas sin gesticular, como si estuviera medio sonámbulo y con voz de sibila, va y la suelta con absoluta impunidad: “El monóculo es el llavero de las miradas”.
La próxima semana, mi querida Dora, seguiré relatándote la batalla dialéctica que se entabló en aquella tertulia. Parecía un tema tranquilo para pasar una tarde agradable, pero las cosas se complicaron como una cena familiar, y te aseguro que todo terminó en un desacuerdo total entre las partes. Hasta siempre. Antonio                          

LA SEMANA FANTÁSTICA DEL PP




Al Partido Popular le crecen los enanos de la impotencia. Después del asunto bochornoso y lamentable de Bolinaga, que no tiene otra causa que el miedo a un nuevo atentado de Eta y sus consecuencias electorales, aparece doña Esperanza Aguirre, empenachada de metáforas, y atiza un portazo monumental en las narices blandilebles de Rajoy. En mi opinión, esta huida de la presidenta de la Comunidad de Madrid se podría homologar, simbólicamente, al éxodo que muchos votantes del Partido Popular hemos comenzado hacia la papeleta en blanco, la abstención o la indiferencia política más absoluta. No en vano, la mayoría de nuestros ideales han dimitido al unísono con la desesperanzada presidenta de Madrid, una liberal que no cree en la subida de impuestos como panacea para el aumento de los ingresos públicos, y la única de su partido que cree en un sincero adelgazamiento de la administración autonómica, incluso estoy seguro de que hubiera sacrificado cada una de las competencias de su comunidad en pro de un Estado central más fuerte y, sobre todo, más ágil y barato.
Curiosamente, al señor Rajoy no se le cae del discurso otro quirie  que no sea el cumplimiento de las leyes. Pero, precisamente, con la ley en la mano, más el informe del forense, más las conclusiones del Fiscal General del Estado y el deseo de millones de españoles, podría haber mantenido a Bolinaga en la cárcel. Sin embargo, para el señor Rajoy, la ley sólo es una excusa para salvaguardar los intereses electorales de su partido. Porque no me dirán ustedes que las inminentes elecciones en el País Vasco no han tenido que ver en su decisión de soltar al preso, además de desactivar cualquier conato que provoque la fetidez asesina de los terroristas.     
         Ya saben ustedes que los partidos políticos anteponen sus intereses a los de la nación que gobiernan. No hay que estimular demasiado a la inteligencia para percatarse de una obviedad así, tan tozuda como los cascos de una mula sobre el pavimento. Y el Partido Popular, por desgracia, no es la excepción de la regla. Recuerden que los últimos Presupuestos no salieron a la luz hasta después de las elecciones andaluzas. Y, por lo que se intuye, pretenden esperar a que pasen las elecciones vascas y gallegas para pedir el famoso rescate. Un rescate, por desgracia, algo más que necesario y ventajoso para nuestro país, ya que necesitamos dinero en abundancia y a bajo coste. Al fin y al cabo, es lo que llevamos exigiendo al BCE desde los tiempos de la Chelito y su pulga alborotada. Sin embargo, estos chicos de la derecha no se atreven a ponerse en la mesa petitoria, como marquesonas de otro tiempo, porque saben que la oposición lo va a utilizar como arma arrojadiza en ambos procesos electorales. De modo que ahí tienen ustedes a todos los partidos políticos, tanto el apoltronado en el Gobierno como esa brumosa grey que pastorea Rubalcaba, haciendo prevalecer sus estrategias sobre los intereses de todos los españoles. Lógicamente, cuanto más tiempo tardemos en pedir los créditos que nos ha ofrecido el BCE, más intereses tendremos que pagar en el mercado normal de deuda. Si no se solicita ese dinero inmediatamente no es porque haya que estudiar el pliego de condiciones, como dice Rajoy, sino por la factura en votos que se tendrá que pagar en las urnas. Y es que el Gobierno tiene miedo y además no sabe explicarse y, enfermizamente, parece como si percibiera el latido convulso de la luna ante la demagogia barata de la izquierda. Rajoy era un buen parlamentario cuando galleaba en la oposición, pero como gobernante, desde luego, no es tan “flamboyant” como anunciaban sus maneras. Al menos, le ha dado calabazas al supermán de las Ramblas. Hasta la Diada que viene.